martes, 14 de abril de 2015

SANTA TERESA DE JESÚS, NUESTRA PRIMERA ESCRITORA

Santa Teresa de Jesús, nuestra

 primera escritora

Este año se conmemora el quinto centenario del nacimiento

 de Santa Teresa de Jesús (Ávila, 1515), nuestra primera gran escritora.










ANDRÉS AMORÓS 

Conmemoramos este año el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús (Ávila, 1515), a la que podemos considerar como nuestra primera gran escritora.

Ella y san Juan de la Cruz son figuras cumbres, a la vez, de la mística y de la historia de la literatura, admirables ejemplos de esos "frutos tardíos" que caracterizan a nuestra literatura. En Europa, la literatura mística se da en la Edad Media; en España, en la segunda mitad del siglo XVI, la época de Felipe II.

Escribe Santa Teresa el Libro de su Vida por mandato de su confesor: "Como me han mandado... para que escriba el modo de oración y las mercedes que el Señor me ha hecho". Su finalidad es "que vean las misericordias de Dios". Se dirige a sus hermanas y a todo el que comienza la vida espiritual.
Sorprende Santa Teresa por su unión de mística y espíritu práctico, su capacidad de gestión: por ejemplo, trataba a banqueros y mercaderes. Era de familia judeo-conversa. Américo Castro definió su "mística y humana femineidad", su "palabra de mujer". Une el milagro y lo cotidiano. Puede resumirse esa actituden la conocida metáfora: "También entre los pucheros anda el Señor".
Todo ello determina un estilo muy personal. Escribe con llaneza, comete errores sintácticos; usa un "estilo de ermitaños, sin novedades ni melindres: para que, por muy menudo y con claridad, dijera mis grandes pecados y ruin vida".
El Libro de la Vida comprende episodios autobiográficos, capítulos sobre la oración y el relato de algunas de sus fundaciones de conventos. Para el lector medio actual, los primeros, los autobiográficos, son, sin duda, los más atractivos. Inolvidable resulta, por ejemplo, lo que cuenta sobre su infancia. Su padre "era aficionado a leer buenos libros y así los tenía de romances para que los leyesen sus hijos". Se reunía la niña con su hermano Rodrigo a leer vidas de Santos y su ejemplo les animaba para marchar a tierra de infieles, "para que allá nos descabezasen".
Lo que más impresión le causaba, en la lectura, era una palabra terrible, que la santa repite tres veces: "Espantábanos mucho el decir que pena y gloria eran para siempre, en lo que leíamos. Acaecíanos estar muchas veces tratando de esto y gustábanos de decir muchas veces: ¡para siempre, siempre, siempre!" (Curiosamente, con estas mismas palabras concluye Gustav Mahler el tiempo final de La Canción de la tierra, en la que pone música a poemas de Li-Tai-Po y otros autores chinos clásicos).
Existen buenas ediciones académicas, anotadas, del LIbro de la Vida en las colecciones Clásicos Castalia (con prólogo del gran erudito Otger Steggink) y en Letras Hispánicas de Editorial Cátedra. También existen otras ediciones de bolsillo en Edaf y ed. San Pablo. Curiosa es la iniciativa de ed. Rialp, que ha separado, en dos volúmenes, el relato autobiográfico de lo doctrinal. Para entender la personalidad de la santa, fuera del ámbito académico, se pueden leer el libro biográfico de Marcelle Auclair (la amiga de Ignacio Sánchez Mejías) y el de una excelente poetisa actual, Olvido García Valdés.
Al margen de las creencias religiosas de cada cual, nadie puede negar que Santa Teresa de Jesús es una de las glorias de la cultura española y una extraordinaria escritora.

LA CARA FEMINISTA DE SANTA TERESA

La cara feminista de Santa Teresa



Santa Teresa de Jesús fue probablemente la primera mujer feminista de la Iglesia Católica. En pleno siglo XVI, la fundadora de las carmelitas descalzas se despachó en diversos libros contra la desigualdad que observaba en las decisiones de la jerarquía eclesiástica. "El mundo nos tiene acorraladas", "aunque las mujeres no somos buenas para consejo, alguna vez acertamos" o "no son tiempos de desechar ánimos fuertes, aunque sean de mujeres" son algunas de las afirmaciones que esta religiosa, doctora de la Iglesia Católica, dejó esritas en un momento en que las mujeres eran prácticamente invisibles, tanto en esta religión como en la sociedad civil. 
Santa Teresa fue una mujer libre, independiente y con una fuerte determinación para emprender grandes reformas. Pero esa no es la imagen que se tiene de ella. Ni siquiera la serie que protagonizó Concha Velasco en los ochenta mostró, según los expertos, la verdadera cara de Teresa de Ávila. El V Centenario del nacimiento de Santa Teresa Jesús, que se conmemora este año, busca precisamente actualizar su figura. "Teresa apostó por la mujer en su condición de dignidad, para ser oída y no sólo oyente", explica a Público Máximo Herraiz, ex vicario general, doctor en Teología y uno de los mayores expertos en el estudio de Teresa como mujer y escritora.
De hecho, precisamente para que su voz fuera escuchada, en el libro Camino de perfección la religiosa critica a los inquisidores por prohibir libros y, a su vez, a los sacerdotes que lo toleran, a quienes llama "falsos profetas" y "medios letrados". En este texto dedicado a 12 mujeres que inician la fundación del nuevo Carmelo —llevado a cabo por Teresa—, la religiosa escribe: "No son tiempos de creer a todos, sino a los que viereis van conforme a la vida de Cristo" (...)". Y exhorta a sus hermanas: "No hagan caso de la opinión del vulgo [el gremio sacerdotal].
Santa Teresa no quiere que ningún hombre ejerza de superior en los conventos. "Desea que las monjas sean independientes, autónomas, y de hecho, acaban eligiendo a sus superioras cada tres años, lo que supone una auténtica revolución", insiste Herraiz. Después de la primera asamblea electiva y legislativa de los carmelitas, en marzo de 1581, Teresa insta a sus comunidades de carmelitas a que envíen su opinión sobre las constituciones que quieren y ella escribe: "En nuestras cosas no hay que dar parte a los frailes".
Santa Teresa quiere que sus monjas intervengan activamente en la elaboración de sus leyes. La clausura, explica Herraiz, "no es para que no puedan salir, sino para que nadie entre a gobernarlas". "Esto es lo que temen mis monjas: que han de venir prelados pesados que las abrumen mucho", escribe. La religiosa acusa a los sacerdotes de "malos cristianos" y "negros devotos" que "destruyen los conventos femeninos" por prohibir libros a las mujeres.
De hecho, sus obras fueron ampliamente censuradas y en 1559, cuando se publica el Índice de libros prohibidos del inquisidor Fernando de Valdés, los inquisidores —siguiendo sus instrucciones— desvalijan la pequeña biblioteca que Santa Teresa tenía en el monasterio de la Encarnación. La Inquisición mandó requisar su obra El libro de la Vida, pero Santa Teresa se quedó con una copia del manuscrito. "No se paró ni ante la Inquisición", remarca Herraiz, "y se enfrentó también al arzobispo de Toledo y al de Burgos".
Como dice el director del Centro Internacional de Estudios Teresianos de Ávila y vicepresidente de la Fundación V Centenario, Javier Sancho, "la fe cristiana ayudó a Santa Teresa a ser más mujer". La religiosa, que creó 17 convenios en España y dos colegios para la formación de las niñas, defendió siempre su dignidad como mujer. Herraiz recuerda una anécdota: "Un día que Teresa fue a visitar las obras del primer monasterio, en Ávila, un albañil dijo a un compañero al ver pasar a Teresa: "¡Qué lástima, una mujer tan guapa y que sea monja!". Teresa lo oyó, volvió sobre sus pasos y le dijo al piropeador: "A ti te da igual porque nunca me hubiera casado contigo". 
Parte de los pensamientos de Teresa de Jesús, además, pueden leerse ahora en el libro Estudios Teresianos. Autógrafos de Santa Teresa de Jesús en Europa y América, que supone una fotografía global de la existencia de las 500 cartas recuperadas en España, Italia, Portugal y América Latina. Sus autores, Tomás Álvarez y Rafael Pascual, han tardado cinco años en publicar esta obra, dadas las dificultades por encontrar a los depositarios de las cartas.

miércoles, 28 de enero de 2015

ESTAS SON LAS 36 PREGUNTAS QUE LOGRARÁN QUE TE ENAMORES



Este cuestionario forma parte de un experimento de 1997 sobre cómo crear intimidad

El estudio culminó con la boda de dos de los participantes y ha vuelto a la actualidad por un artículo publicado en The New York Times


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'Cómo conocí a vuestra madre' hubiera acabado antes de haber contado con las preguntas del doctor Aron
'Cómo conocí a vuestra madre' hubiera acabado antes de haber contado con las preguntas del doctor Aron


Mandy Len Catron publicó el 9 de enero un artículo en The New York Times(que hemos traducido en Verne) y en el que narra cómo se enamoró con ayuda de 36 preguntas elaboradas por el psicólogo Arthur Aron.
Aunque la escritora usó las preguntas de Aron para enamorarse y que se enamoraran de ella, Aron las planteó en su estudio como una herramienta para generar intimidad, no necesariamente amorosa, de forma gradual. El objetivo era ayudar a los psicólogos a crear una relación cercana en el contexto de un laboratorio, de modo que se pudieran manipular y estudiar las variables de esta relación.
Cuando Aron probó el cuestionario, distribuyó a algunos de los participantes en parejas de hombres y mujeres. Una de las parejas que participó y se conoció en este estudio acabó casándose seis meses más tarde. Según explicaba Aron aWired, en 2010, "la última vez que contacté con ellos, aún seguían juntos".
Es decir, es posible que este cuestionario diseñado para abrirnos gradualmente funcione. Por si alguien quiere probarlo (bajo su responsabilidad), lo reproducimos a continuación. El estudio original requiere que se trate de alguien completamente desconocido. Se recomienda emplear 45 minutos: un cuarto de hora para cada set de preguntas, aunque tanto Mandy Len Catron como estos dos voluntarios del Guardian necesitaron más tiempo. Los participantes han de leer en voz alta una pregunta cada uno, aunque ambos han de responderlas todas.
Una vez terminado el cuestionario, los sujetos debían alejarse y responder a las preguntas de los investigadores. En el estudio original no se menciona la necesidad de mirarse a los ojos al terminar durante cuatro minutos, pero no es desaconsejable: a Mandy Len Catron le funcionó.
Set I
1. Si pudieras elegir a cualquier persona en el mundo, ¿a quién invitarías a cenar?
2. ¿Te gustaría ser famoso? ¿De qué forma?
3. Antes de hacer una llamada telefónica, ¿ensayas lo que vas a decir? ¿Por qué?
4. Para ti, ¿cómo sería un día perfecto?
5. ¿Cuándo fue la última vez que cantaste a solas? ¿Y para otra persona?
6. Si pudieras vivir hasta los 90 años y tener el cuerpo o la mente de alguien de 30 durante los últimos 60 años de tu vida, ¿cuál de las dos opciones elegirías?
7. ¿Tienes una corazonada secreta acerca de cómo vas a morir?
8. Di tres cosas que creas tener en común con tu interlocutor.
9. ¿Por qué aspecto de tu vida te sientes más agradecido?
10. Si pudieras cambiar algo en cómo te educaron, ¿qué sería?
11. Tómate cuatro minutos para contar a tu compañero la historia de tu vida con todo el detalle posible.
12. Si mañana te pudieras levantar disfrutando de una habilidad o cualidad nueva, ¿cuál sería?
Set II
13. Si una bola de cristal te pudiera decir la verdad sobre ti mismo, tu vida, el futuro, o cualquier otra cosa, ¿qué le preguntarías?
14. ¿Hay algo que hayas deseado hacer desde hace mucho tiempo? ¿Por qué no lo has hecho todavía?
15. ¿Cuál es el mayor logro que has conseguido en tu vida?
16. ¿Qué es lo que más valoras en un amigo?
17. ¿Cuál es tu recuerdo más valioso?
18. ¿Cuál es tu recuerdo más doloroso?
19. Si supieras que en un año vas a morir de manera repentina, ¿cambiarías algo en tu manera de vivir? ¿Por qué?
20. ¿Qué significa la amistad para ti?
21. ¿Qué importancia tiene el amor y el afecto en tu vida?
22. Compartid de forma alterna cinco características que consideréis positivas de vuestro compañero.
23. ¿Tu familia es cercana y cariñosa? ¿Crees que tu infancia fue más feliz que la de los demás?
24. ¿Cómo te sientes respecto a tu relación con tu madre?
Set III
25. Di tres frases usando el pronombre “nosotros”. Por ejemplo, “nosotros estamos en esta habitación sintiendo…”.
26. Completa esta frase: “Ojalá tuviera alguien con quien compartir…”.
27. Si te fueras a convertir en un amigo íntimo de tu compañero, comparte con él o con ella algo que sería importante que supiera.
28. Dile a tu compañero qué es lo que más te ha gustado de él o ella. Sé muy honesto y dile cosas que no dirías a alguien a quien acabas de conocer.
29. Comparte con tu interlocutor un momento embarazoso de tu vida.
30. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste delante de alguien? ¿Y a solas?
31. Cuéntale a tu interlocutor algo que ya te guste de él.
32. ¿Hay algo que te parezca demasiado serio como para hacer broma al respecto?
33. Si fueras a morir esta noche sin posibilidad de hablar con nadie, ¿qué lamentarías no haber dicho a alguien? ¿Por qué no se lo has dicho hasta ahora?
34. Tu casa se incendia con todas tus posesiones dentro. Después de salvar a tus seres queridos y a tus mascotas, tienes tiempo para hacer una ultima incursión y salvar un solo objeto. ¿Cuál escogerías? ¿Por qué?
35. De todas las personas que forman tu familia, ¿qué muerte te parecería más 
dolorosa? ¿Por qué?
36. Comparte un problema personal y pídele a tu interlocutor que te cuente cómo habría actuado él o ella para solucionarlo. Pregúntale también cómo cree que te sientes respecto al problema que has contado.
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"Para enamorarte de cualquiera, haz esto": el artículo en el que Mandy Len Catron narra cómo encontró el amor gracias a estas 36 preguntas.

¿CREES QUE PODRÍAS DECIDIR DE QUIÉN ENAMORARTE?


PARA ENAMORARTE DE CUALQUIERA, HAZ ESTO


Hace más de 20 años, el psicólogo Arthur Aron consiguió que dos extraños se enamoraran en su laboratorio. El verano pasado apliqué esta técnica a mi vida, y por eso acabé de pie en un puente a medianoche, mirando a un hombre a los ojos durante exactamente cuatro minutos.
Dejad que me explique. Unas horas antes este hombre me dijo: “Sospecho que, dadas unas cuantas cosas en común, podríamos enamorarnos de cualquiera. Si es así, ¿cómo elegimos a alguien?”
Era un conocido de la universidad con el que me cruzaba de vez en cuando en el rocódromo y que me había llevado a pensar “¿y si?”. Había echado un vistazo a su día a día en Instagram. Pero esta era la primera vez que nos habíamos visto a solas.
“En realidad, hay psicólogos que han intentado hacer que la gente se enamore”, dije, recordando el estudio del doctor Aron. “Es fascinante. Siempre he querido probarlo”.
Supe por primera vez del estudio cuando estaba en mitad de una ruptura. Cada vez que pensaba en irme, mi corazón anulaba la decisión de mi cerebro. Me sentía atrapada. Así que como una buena académica, me volqué en la ciencia con la esperanza de que hubiera una forma más inteligente de amar.
Le expliqué el estudio a mi conocido de la universidad. Un hombre y una mujer heterosexuales entran el laboratorio desde puertas diferentes. Se sientan cara a cara y contestan a una serie de preguntas cada vez más personales. Después se miran a los ojos durante cuatro minutos. El detalle más cautivador: seis meses después, dos de los participantes estaban casados. Invitaron a todo el laboratorio a la ceremonia.
“Probémoslo”, dijo.
Dejadme admitir que nuestro experimento no se ajusta al estudio. Primero, estábamos en un bar, no en un laboratorio. Segundo, no éramos extraños. No sólo eso, sino que ahora me doy cuenta de que una persona ni sugiere ni está de acuerdo en probar un experimento diseñado para crear un amor romántico si esa persona no está abierta a que suceda.
Busqué las preguntas del doctor Aron en Google; son 36. Pasamos las dos horas siguientes pasándonos el iPhone en la mesa, haciendo las preguntas de forma alternativa.
Comenzaron de forma inocua: “¿Te gustaría ser famoso? ¿De qué forma?”. Y “¿cuándo fue la última vez que cantaste a solas? ¿Y para alguien?"
Pero rápidamente se volvieron más inquisitivas.
En respuesta a la provocadora “nombra tres cosas que tú y tú compañero tengáis aparentemente en común”, me miró y dijo: “Creo que los dos estamos interesados el uno en el otro”.
Sonreí y di un trago a mi cerveza mientras enumeró otras dos cosas que olvidé en seguida. Intercambiamos historias acerca de la última vez que lloramos y confesamos una pregunta que nos gustaría hacerle a un adivino. Explicamos nuestras relaciones con nuestras madres.
Las preguntas me recordaron al famoso experimento de la rana en el que el animal no nota cómo el agua se va calentando hasta que es demasiado tarde y está hirviendo. En nuestro caso y como el nivel de vulnerabilidad aumentaba gradualmente, no noté que habíamos entrado en terreno íntimo hasta que ya estábamos dentro, un proceso que típicamente puede llevar semanas o meses.
Me gustó aprender acerca de mí a través de mis respuestas, pero me gustó aún más aprender cosas de él. El bar, que estaba vacío cuando llegamos, se había llenado para cuando hicimos una pausa para ir al baño.
Me senté sola en la mesa, consciente del entorno por primera vez en una hora, y me pregunté si alguien había estado escuchando nuestra conversación. Si lo habían hecho, no me había dado cuenta. Y tampoco me fijé en que la multitud se fue desvaneciendo a medida que se hacía cada vez más tarde.
Todos tenemos una narrativa sobre nosotros mismos que ofrecemos a extraños y conocidos, pero las preguntas del doctor Aron hacen que sea imposible recurrir a ella. Se creó esa especie de intimidad acelerada que recuerdo del campamento de verano: quedarme despierta toda la noche con un amigo nuevo, intercambiando los detalles de nuestras cortas vidas. Con 13 años, lejos de casa por primera vez, parecía natural conocer a alguien tan deprisa. Pero la vida adulta nos ofrece estas circunstancias muy raramente.
Los momentos en los que me sentí más incómoda no fue cuando tuve que hacer confesiones acerca de mí, sino cuando tenía que aventurar opiniones sobre mi compañero. Por ejemplo: “Compartid alternativamente algo que consideréis una característica positiva de vuestro compañero; un total de cinco cosas” (pregunta 22), y “dile a tu compañero qué te gusta de él; sé muy honesto esta vez y di cosas que no dirías a alguien que acabas de conocer” (pregunta 28).
Gran parte de las investigaciones del doctor Aron se centran en cómo creamos cercanía interpersonal. En concreto, varios de sus estudios investigan las formas en las que incorporamos a los demás en nuestro sentido del yo. Es fácil ver cómo las preguntas animan lo que llama “autoexpansión”. Decir cosas como “me gusta tu voz, tus preferencias en cerveza, la forma en la que todos tus amigos parecen admirarte” hace que ciertas cualidades positivas de una persona sean explícitamente valiosas para la otra.
Es realmente sorprendente oír lo que alguien admira de ti. No sé por qué no nos dedicamos a decir cumplidos a todo el mundo todo el tiempo.
Acabamos a medianoche, y terminamos mucho más en acabar que los 90 minutos del estudio original. Miré a mi alrededor, en el bar, y me dio la impresión de que acababa de despertar. “No ha estado tan mal -dije-. Definitivamente menos incómodo de lo que sería la parte de mirarnos a los ojos”.
Él dudó y preguntó: “¿Crees que deberíamos hacer eso también?”
“¿Aquí?”, miré el bar. Me parecía demasiado raro, demasiado público.
“Podríamos ir al puente”, dijo, girándose hacia la ventana.
La noche era cálida y yo estaba completamente despierta. Caminamos al punto más alto y después nos giramos para quedarnos cara a cara. Toqué torpemente mi móvil para poner el cronómetro.
“Vale”, dije, respirando profundamente.
“Vale”, dijo, sonriendo.
He esquiado pendientes empinadas y he estado colgada de una pared rocosa atada con un trozo corto de cuerda, pero mirar a los ojos de alguien durante cuatro silenciosos minutos ha sido una de las experiencias más emocionantes y aterradoras de mi vida. Pasé el primer par de minutos simplemente intentando respirar de forma adecuada. Hubo muchas sonrisas nerviosas hasta que, finalmente, nos sentimos cómodos.
Sé que se dice que los ojos son la ventana del alma, o lo que sea, pero el quid del momento no era sólo que yo estaba mirando a alguien, sino que estaba mirando a alguien que me estaba mirando a mí. Una vez acepté la terrorífica idea de la que me había dado cuenta y di tiempo para que se asentara, llegué a un sitio inesperado.
Me sentí valiente y en un estado de asombro. Parte de ese asombro fue por mi propia vulnerabilidad y parte vino por la extraña forma de fascinación que ocurre cuando decimos una palabra una y otra vez hasta que pierde su significado y se convierte en lo que realmente es: sonidos ensamblados.
Así ocurrió con el ojo, que no es una ventana a nada, sino más bien un conjunto de células muy útiles. El sentimiento asociado con el ojo se desvaneció y me vi impactada por su sorprendente realidad biológica: la naturaleza esférica del globo ocular, la visible musculatura del iris, y el cristal suave y húmedo de la córnea. Era extraño y exquisito.
Cuando la alarma sonó, estaba sorprendida… Y algo aliviada. Pero también sentí una especie de pérdida. Ya estaba comenzando a ver nuestra noche con las lentes irreales y poco fiables de la retrospección.
Muchos de nosotros pensamos en el amor como algo que nos ocurre. En inglés “we fall in love”, caemos en el amor. “We get crushed”, nos aplasta.
Pero algo que me gusta de este estudio es cómo asume que el amor es una acción. Tiene en cuenta que aquello que importa a mi compañero también me importa a mí porque tenemos al menos tres cosas en común, porque mantenemos relaciones estrechas con nuestras madres y porque dejó que le mirara.
Me pregunté qué saldría de aquella interacción. Al menos, pensé que me daría material para una buena historia. Pero ahora me doy cuenta de que la historia no es sobre nosotros; es sobre qué significa tomarse la molestia de conocer a alguien, que a su vez y en realidad es una historia sobre qué significa que nos conozcan.
Es cierto que no puedes escoger quién te ama, aunque he pasado años con la esperanza contraria, y tampoco puedes crear sentimientos románticos basados sólo en lo que te conviene. La ciencia nos dice que la biología importa; nuestras feromonas y hormonas hacen mucho trabajo entre bambalinas.
Pero a pesar de todo esto, he comenzado a pensar que el amor es más flexible de lo que creemos que es. El estudio de Arthur Aron me ha enseñado que es posible -sencillo, incluso- generar confianza e intimidad, que son los sentimientos que el amor necesita para prosperar.
Probablemente te estás preguntando si él y yo nos enamoramos. Bien, lo hicimos. Aunque es difícil darle todo el mérito al estudio (podría haber ocurrido de todas formas), las preguntas nos ofrecieron un camino hacia una relación que sentimos como voluntario y deliberado. Pasamos semanas en el espacio íntimo que creamos esa noche, esperando a ver en qué podía convertirse.

El amor no nos ocurrió. Estamos enamorados porque tomamos la decisión de estarlo.

*****
Mandy Len Catron da clases de escritura en la Universidad de British Columbia, en Vancouver, y está trabajando en un libro sobre los peligros de las historias de amor.
© The New York Times
Traducción: Jaime Rubio Hancock.
Este artículo se publicó originalmente en The New York Times el 9 de enero, donde en apenas una semana sumó 5,2 millones de lectores y fue compartido 365.000 veces en Facebook y más de 14.000 en Twitter.
Si quieres leer (y probar) las 36 preguntas que se mencionan en el artículo, aquí las tienes.